viernes, 18 de diciembre de 2015

7 hábitos que sabotean tu equilibrio emocional






Autor: Jennifer Delgado

La vida se encarga por sí misma de ponernos ante situaciones que generan tristeza y dolor, como la pérdida de una persona amada o los problemas económicos. No podemos evitar esas condiciones y es normal que nuestro equilibrio emocional se vea afectado, al menos hasta que logremos recomponer los pedazos rotos. Sin embargo, las pequeñas decisiones que tomamos cada día tienen un Efecto Mariposa y también afectan nuestro estado de ánimo, mucho más de lo que suponemos. Nuestros hábitos cotidianos nos pueden hacer más felices o sabotearnos y hacer que nos sintamos frustrados, irritables o vacíos. La buena noticia es que ser conscientes de estos hábitos es el primer paso para deshacerse de ellos.

1. Caminar con los hombros caídos y arrastrando los pies

Nuestro cerebro se retroalimenta constantemente de las sensaciones que recibe a través del cuerpo. Esto significa que las posturas y los gestos que hacemos sirven como indicadores de cómo nos sentimos y pueden reforzar un estado de ánimo. Un estudio realizado en la Witten Herdecke University reveló que cuando las personas caminan encorvadas, con los hombros caídos, arrastrando los pies y con movimientos mínimos de los brazos, su humor empeora. El problema es que esta forma de caminar se relaciona con la desesperanza y la depresión, por lo que activa recuerdos negativos y preocupaciones. La buena noticia es que en ese mismo experimento se apreció que cuando caminamos más erguidos y moviendo más los brazos, nuestro estado de ánimo mejora casi instantáneamente.

2. Fotografiar todo lo que encontramos a nuestro paso

Con la llegada de las cámaras digitales hemos dejado de ver el mundo con nuestros ojos y lo hacemos a través del objetivo. Sin embargo, esa tendencia a fotografiarlo todo puede pasar factura a tu estado de ánimo. Así lo confirmó un estudio muy curioso realizado en la Fairfield University en el que les pidieron a los participantes que recorrieran un museo, algunos solo podían observar, a otros les permitieron tomar todas las fotos que quisieran. Al final del recorrido, las personas que tomaron fotos tenían grandes dificultades para recordar los objetos que habían fotografiado. En la vida real esto nos indica que podrían estar perdiéndose los pequeños detalles que hacen cada momento único y especial. El lente de la cámara es como un velo que oscurece nuestras experiencias. Por tanto, intenta focalizarte en el mundo y en lo que sientes, serás mucho más feliz.

3. Procrastinar continuamente

No hay nada más agotador que el peso de las tareas incompletas. Recordar una y otra vez esas tareas simplemente es desgastante y nos pasa una enorme factura emocional. Un estudio realizado en la Case Western Reserve University demostró que aunque en un primer momento la procrastinación nos libra del estrés y la ansiedad que generan las tareas que deseamos evitar, a la larga aumenta considerablemente el nivel de tensión, disminuye nuestra eficacia e incluso debilita nuestro sistema inmunitario, haciendo que seamos más propensos a enfermar. Otro estudio realizado en la Carleton University desveló que la sensación de culpa y vergüenza que genera la procrastinación impide que disfrutemos de otras actividades, por lo que termina haciéndonos sentir muy mal. La solución es muy sencilla: no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.

4. No estar solo

Pasar tiempo de calidad con los amigos y la familia es importante, el contacto cara a cara es fundamental para prevenir la depresión y ser más felices. Sin embargo, no encontrar tiempo para uno mismo también puede pasarnos una elevada factura emocional. Un curioso estudio realizado en la McDonough School of Business reveló que las personas suelen sobrevalorar cuán bien se sentirán en compañía de los demás, para descubrir que en realidad pueden disfrutar mucho haciendo algunas cosas solos. En muchas ocasiones nos limitamos y no hacemos cosas que nos harían felices solo porque no tenemos compañía y nos asusta lo que puedan pensar de nosotros, que podrían tacharnos de "raros" o "solitarios". Sin embargo, pasar tiempo con uno mismo es profundamente liberador y le hace mucho bien a nuestro equilibrio emocional.

5. Estar pendiente continuamente del móvil

¿Cuándo fue la última vez que estuviste todo un día sin el celular? Si no lo recuerdas, es una mala señal. Estar pendiente continuamente del móvil genera una gran dosis de tensión y estrés, aunque no siempre somos conscientes de ello. De hecho, las llamadas y mensajes entrantes terminan provocando una sobre-estimulación que afecta nuestra atención y memoria. Cuando sientes que tu celular vibra o suena, pero realmente no lo está haciendo, significa que tienes esa preocupación continuamente en tu mente, es un foco activo en tu cerebro. Y eso no te ayuda a relajarte. Además, según un reciente estudio realizado en la Northwestern University Feinberg, mientras más tiempo pasamos usando el móvil, mayores serán las probabilidades de sufrir depresión. De hecho, las personas con depresión triplicaban el tiempo de uso de su celular, aproximadamente 68 minutos al día. La solución es sencilla: planifica un "sabbat (descanso) electrónico" una vez a la semana o al menos medio día.

6. Practicar la multitarea

Todos, en algún momento, hemos sido culpables del pecado de la multitarea. Sin embargo, cuando hacemos de ésta un hábito, podemos autosabotearnos. Contrario a la creencia popular, la multitarea no ahorra tiempo. Un estudio realizado en la Universidad de Utah reveló que los conductores tardan más en llegar a sus destinos cuando usan sus móviles mientras conducen. De hecho, se estima que la multitarea reduce nuestra productividad en un 40%. Sin embargo, lo peor de todo es el saldo emocional que nos deja. Una investigación realizada en la Universidad de California midió la frecuencia cardíaca de los trabajadores mientras trabajaban tranquilamente o cuando eran interrumpidos por correos y llamadas que les obligaban a estar permanentemente alertas. Se pudo apreciar que la multitarea disparaba el estrés y el ritmo cardíaco, lo cual puede tener severas consecuencias para nuestra salud a largo plazo. Por tanto, es mejor hacer solo una cosa a la vez, y focalizarse en esa actividad hasta pasar a la siguiente. 

7. Tomarse la vida demasiado en serio

Hay personas que se enfadan por todo, que siempre están dispuestas a atacar y tienen la queja pronta. Es normal que ante determinadas circunstancias nos enfademos e irritemos, pero si eso se convierte en nuestro estilo de afrontamiento permanente, tendremos un gran problema. Tomarse la vida demasiado en serio y molestarse por todo es como intentar mantener un gran balón de playa debajo del agua. Tenemos que hacer un gran esfuerzo porque quiere salir continuamente, lo cual nos hará tensar nuestros músculos e interrumpirá el flujo emocional. Como resultado, no es extraño que un estudio realizado en la Universidad de Michigan en el que le dieron seguimiento a 696 personas durante 17 años haya descubierto que tanto quienes responden con ira como aquellos que la experimentan pero la reprimen, tienen tres veces más riesgo de morir de forma temprana. Afortunadamente, la solución es sencilla: ríe más y aprende a enfrentar los problemas con sentido del humor.


viernes, 20 de noviembre de 2015

El estrés laboral en Europa cuesta 136.000 millones de euros




Según datos de la Agencia para la Seguridad y Salud en el Trabajo, el estrés laboral es el segundo problema de salud relacionado con el trabajo más frecuente en Europa, con casi la mitad de las jornadas laborales perdidas y un coste para su economía de 136.000 millones de euros al año.
El alto coste del estrés en el trabajo se ha puesto de manifiesto en la Cumbre que la Agencia europea ha celebrado en Bilbao como colofón de su campaña "Trabajos saludables. Gestionemos el estrés".
La sesión de apertura del evento ha reunido a representantes de la UE y de los gobiernos español y vasco, que han coincidido en destacar los beneficios de una buena salud laboral para la competitividad. "Invertir en prevención es rentable", ha sostenido la comisaria europea de Empleo, Asuntos Sociales, Capacidad y Movilidad Laboral, la belga Marianne Thyssen. La comisaria ha destacado que la falta de salud relacionada con el trabajo puede costar a Europa entre el 2,6 y el 3,8 % de su PIB. El ministro luxemburgués de Trabajo, Nicolas Schmit, que ha acudido al acto en representación de la presidencia de la UE, ha abogado por la prevención y ha afirmado que una empresa no es competitiva si "acepta la degradación de la salud de los trabajadores".
En su opinión, la precariedad laboral "no ayuda a largo plazo a la productividad". Schmit ha apostado por "restaurar" en Europa "el equilibrio" entre "la eficiencia económica y el progreso social", y ha advertido de los "riesgos" en materia de condiciones laborales que entraña el cambio que vive la economía hacia la digitalización.
El subsecretario de Empleo del Gobierno central, Pedro Llorente, ha dicho que una mejor salud y seguridad en el trabajo es uno de los elementos que configuran la calidad en el empleo. Ha explicado que desde abril pasado España cuenta con "una buena" estrategia nacional en este ámbito, lograda con "consenso" de los interlocutores sociales y Administración.
En el mismo acto, el consejero vasco de Empleo, Ángel Toña, ha asegurado que la seguridad y salud laboral es "de extrema importancia" para el Gobierno Vasco, ha abogado por una mejora sostenida de las condiciones de trabajo en Euskadi y ha considerado que un entorno de trabajo seguro y saludable favorece la competitividad de las empresas.
La secretaria de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), Esther Lynch, ha destacado el estrés que padecen muchos trabajadores y ha instado a la Comisión Europea a que "si no se puede animar a la gente" a proceder con buenas prácticas en este terreno "les tendremos que obligar".
Los participantes han valorado en sus intervenciones la labor en favor de la salud de los trabajadores que desarrolla la Agencia Europea, cuya directora, Chrysta Sedlatschek, ha destacado que un buen entorno psicosocial es "crucial para tener una mano de obra satisfecha, sana y productiva" y ha evidenciado "la situación estresante" que en la actual crisis de los refugiados en Europa pueden sufrir las personas dedicadas al control de fronteras y a la atención de los asilados.

Fuente: EU-OHSA

lunes, 9 de noviembre de 2015

El estrés podría aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular





Tener un trabajo con mucho estrés, sobre todo un trabajo exigente pero que permita poco control personal, podría aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular (ACV), informan unos investigadores chinos.




Un análisis de seis estudios ya publicados de varios países incluyó a casi 140,000 personas a quienes se siguió durante hasta 17 años. Encontró que los que tenían trabajos con mucho estrés presentaban un riesgo de ACV un 22 por ciento más alto que los que tenían trabajos con poco estrés. En las mujeres, el aumento del riesgo fue incluso mayor: de un 33 por ciento, informaron los investigadores.

“Muchos mecanismos podrían tener que ver con la asociación entre los trabajos estresantes y el riesgo de ACV”, planteó la investigadora líder, la Dra. Yuli Huang, del Departamento de Cardiología de la Universidad Médica del Sur, en Guangzhou.

El más importante es que los trabajos con mucho estrés podrían conducir a conductas malsanas, como unos malos hábitos alimenticios, el tabaquismo y la falta de ejercicio, advirtió Huang.

“Es esencial que las personas con profesiones de alto estrés aborden esos problemas del estilo de vida”, aconsejó Huang.

El informe aparece en la edición en línea del 14 de octubre de la revista Neurology.

Entre los estudios analizados por el equipo de Huang había uno de Estados Unidos, tres de Suecia, uno de Japón y uno de Finlandia.

Huang y sus colaboradores agruparon los trabajos en cuatro categorías según el nivel de control que los empleados tenían sobre su trabajo y qué tanto trabajaban o las exigencias psicológicas del puesto. Las categorías incluían los trabajos pasivos, los trabajos con poco estrés, los trabajos con mucho estrés y los trabajos activos.

Los factores laborales incluyeron la presión del tiempo, las exigencias mentales y los problemas de coordinación. El trabajo físico y la cantidad total de horas trabajadas no se incluyeron.

Los trabajos pasivos incluyeron a los conserjes, los mineros y otros trabajadores manuales, que tenían pocas exigencias y poco control. Los trabajos con poco estrés incluían a los científicos y a los arquitectos, que tenían poca demanda y un alto control, según el estudio.

Los trabajos con un estrés alto, que tienen una alta demanda y poco control, incluían a las camareras, a los ayudantes de enfermería y a otros trabajadores de la industria de los servicios. Las personas con trabajos activos, como los médicos, los maestros y los ingenieros, tenían una exigencia alta y un alto control, explicaron los investigadores.

Las personas con trabajos con mucho estrés tenían un 58 por ciento más probabilidades de sufrir un ACV provocado por un coágulo sanguíneo en el cerebro (un accidente cerebrovascular isquémico) que las personas con trabajos con poco estrés. Los que tenían trabajos pasivos y activos no presentaban ningún aumento en el riesgo de ACV, dijo Huang.




Los investigadores dijeron que más del 4 por ciento del riesgo general de ACV era provocado por los trabajos con mucho estrés. Pero en las mujeres, los trabajos con mucho estrés aumentaban ese riesgo en un 6.5 por ciento.

El estudio tiene algunas limitaciones, anotaron los investigadores. En primer lugar, los estudios originales midieron el estrés una sola vez. En segundo lugar, otros factores de riesgo de ACV, como la hipertensión o el colesterol alto, no fueron tomados en cuenta en los estudios originales.

La Dra. Jennifer Majersik, profesora asociada de neurología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Utah, en Salt Lake City, y autora de un editorial que acompaña al estudio en la revista, dijo que la investigación “muestra lo que las personas piensan hace mucho: ciertos tipos de estrés provocan efectos negativos en la salud”.

Estudios anteriores han mostrado una conexión entre el estrés laboral y la enfermedad cardiaca, pero esta es la primera investigación en mostrar esa asociación con el ACV, comentó.

Majersik cree que reducir el riesgo de ACV podría conllevar tener más control sobre el trabajo.

“Hay formas de aumentar el control personal en el lugar de trabajo”, dijo. Éstas pueden incluir horarios flexibles y más potestad para tomar decisiones. “Quizá no funcionen, pero me encantaría que se probaran”, dijo Majersik.

Además, las personas pueden cambiar de trabajo y encontrar uno en el que tengan más control, planteó.

“Considero al estrés laboral como otro factor de riesgo modificable”, aseguró Majersik. “Todavía no sabemos qué hacer al respecto. Pero aconsejo a mis pacientes que es algo a tomar en cuenta”.

Los pacientes con frecuencia preguntan si el estrés provocó su ACV, señaló Majersik. “No sabía qué decirles, pero ahora siento que puedo decirles que quizá sí”.


Fuente: HealthDay

jueves, 8 de octubre de 2015

Los riesgos psicosociales y el estrés en el trabajo




Los riesgos psicosociales y el estrés laboral se encuentran entre los problemas que más dificultades plantean en el ámbito de la seguridad y la salud en el trabajo. Afectan de manera notable a la salud de las personas, de las organizaciones y de las economías.

Como dato interesante se puede mencionar que la mitad de los trabajadores europeos consideran que el estrés es un elemento común en sus lugares de trabajo, y contribuye a cerca de la mitad de todas las jornadas laborales perdidas. (Fuente: OHSA)

El estrés en situaciones laborales presenta una tendencia a mal interpretarse o estigmatizarse. Al asumir el paradigma básico de que los riesgos psicosociales y el estrés son un problema de las organizaciones, y no como un defecto personal, se pueden gestionar como cualquier otro riesgo para la salud y la seguridad en el trabajo.


¿Qué son los riesgos psicosociales 
y el estrés?


Siguiendo las orientaciones doctrinales de la OHSA, se afirma que los riesgos psicosociales se derivan de las deficiencias en el diseño, la organización y la gestión del trabajo, así como de un escaso contexto social del trabajo, y pueden producir resultados psicológicos, físicos y sociales negativos, como el estrés laboral, el agotamiento o la depresión.

Algunos ejemplos de condiciones de trabajo que entrañan riesgos psicosociales son:
  • cargas de trabajo excesivas;
  • exigencias contradictorias y falta de claridad de las funciones del puesto;
  • falta de participación en la toma de decisiones que afectan al trabajador y falta de influencia en el modo en que se lleva a cabo el trabajo;
  • gestión deficiente de los cambios organizativos, inseguridad en el empleo;
  • comunicación ineficaz, falta de apoyo por parte de la dirección o los compañeros;
  • acoso psicológico y sexual, violencia ejercida por terceros.


Al analizar las exigencias del trabajo, es importante no confundir riesgos psicosociales como una carga de trabajo excesiva con situaciones que, aunque estimulantes y a veces desafiantes, ofrecen un entorno de trabajo en el que se respalda al trabajador, que recibe la formación adecuada y está motivado para desempeñar su trabajo lo mejor posible. Un entorno psicosocial favorable fomenta el buen rendimiento y el desarrollo personal, así como el bienestar mental y físico del trabajador.

Los trabajadores sienten estrés cuando las exigencias de su trabajo son mayores que su capacidad para hacerles frente. Además de los problemas de salud mental, los trabajadores sometidos a periodos de estrés prolongados pueden desarrollar problemas graves de salud física, como enfermedades cardiovasculares o problemas musculoesqueléticos.

Para la organización, los efectos negativos se traducen en un mal rendimiento global de la empresa, aumento del absentismo, «presentismo» (trabajadores que acuden trabajar cuando están enfermos pero son incapaces de rendir con eficacia) y unos mayores índices de accidentes y lesiones. Las bajas tienden a ser más prolongadas que las derivadas de otras causas, y el estrés relacionado con el trabajo puede contribuir a un aumento de los índices de jubilación anticipada. 

Los costos que acarrea a las empresas y a la sociedad son cuantiosos y se han estimado en miles de millones de euros dentro de la realidad europea. 

Medidas que pueden adoptarse para prevenir y gestionar los riesgos psicosociales

Con la adopción de un enfoque correcto, los riesgos psicosociales y el estrés laboral pueden prevenirse y gestionarse de modo satisfactorio sea cual sea el tamaño o el tipo de empresa. Se pueden abordar de la misma manera lógica y sistemática que otros riesgos para la salud y la seguridad en el lugar de trabajo.

La gestión del estrés no es sólo una obligación moral y una buena inversión para los empresarios, sino un imperativo legal establecido en la legislación venezolana.

Aunque sobre los empresarios recae la responsabilidad jurídica de garantizar que los riesgos en el lugar de trabajo se evalúen y controlen adecuadamente, es fundamental que los trabajadores también participen. Los trabajadores y sus representantes son quienes mejor comprenden los problemas que pueden producirse en su lugar de trabajo. Su participación garantizará que las medidas adoptadas sean apropiadas y eficaces.
Fuente: Información básica tomada de OHSA

lunes, 28 de septiembre de 2015

ESTAR DISPONIBLE FUERA DEL HORARIO DE TRABAJO TIENEN EFECTOS NEGATIVOS





En el estudio más reciente en el tema encabezado por el doctor Jan Dettmers, investigador de la psicología del trabajo de la Universidad de Hamburgo, en Alemania, se encontró que estar disponibles fuera del horario de trabajo tiene, a la mañana siguiente, efectos negativos en el estado de ánimo –mayor cansancio y tensión, por ejemplo– y aumenta los niveles de cortisol (la hormona del estrés) del trabajador, en respuesta a la anticipación del estrés.
Los hallazgos, publicados el pasado mes de agosto en Journal of Occupational Health Psychology, no se explicaron por el número de llamadas que los empleados atendieron el día anterior, sino por el mero hecho de haber estado a la expectativa de cualquier interrupción, lo que les confirma que en realidad no tienen el control de su tiempo libre.
El estudio fue realizado con 132 empleados –en su mayoría hombres con una edad promedio de 42 años– de 13 compañías de diversas áreas como transporte y logística, informática, servicios técnicos, comercio, guarderías y hospitales.
Los participantes respondieron cuestionarios diarios durante cuatro días cuando estaban disponibles fuera de horario de oficina –incluyendo el fin de semana– y cuatro días cuando no tenían la responsabilidad de guardia.
También se recabaron muestras de los niveles de cortisol de 51 participantes al despertar.
La incertidumbre pesa
Otro estudio de este año realizado por investigadores de distintas instituciones europeas concluyó que la mera posibilidad de que nos llamen fuera del horario de oficina aumenta la sensación de fatiga y el estrés y, con ello, la necesidad de relajarse, reducir la tensión acumulada y recuperarse fuera del horario laboral para reponer la energía física y mental. Porque nunca nos sentimos completamente desconectados del trabajo.
Y mucho menos nos permitimos relajarnos con la persona que tenemos a un lado.
Como señala en Psychology Today el doctor Steve M. Jex, profesor de psicología organizacional e industrial de la Universidad Estatal Bowling Green, en Ohio, “cuando estamos constantemente pensando en el trabajo, checando el correo electrónico y tomando llamadas relacionadas con el trabajo, realmente nos estamos desconectando de aquellos que están a nuestro alrededor, como amigos y familia”.
Siempre conectados 
Ofrecen ventajas de comunicación, sí, pero lo cierto es que los dispositivos móviles no nos están ayudando a desconectarnos psicológicamente del trabajo.
Como señala una investigación publicada en 2014 en la revista científica Industrial Health, del Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional de Japón, “dado a la actual economía 24/7, las fronteras tradicionales entre el trabajo y la vida personal son cada vez más borrosas. Además, las tecnologías de información proporcionan la oportunidad de completar el trabajo de uno fuera de la oficina (…) e incluso más allá de las horas de trabajo tradicionales”.
En otro estudio de 2011, también encabezado por el doctor Steve M. Jex, de la Universidad Estatal Bowling Green, se analizaron las formas en las que 432 empleados separaban la vida personal y laboral, los límites que establecen en el uso de la tecnología en casa para fines laborales y cómo estos factores contribuyen al desapego psicológico del trabajo.
Entre los hallazgos, publicados en Journal of Occupational Health Psychology, se encontró que aquellos empleados que preferían no mezclar la vida laboral con la personal a través de ciertas prácticas o reglas en el hogar –no llevarse trabajo a casa o no utilizar el mismo número de teléfono para llamadas personales y del empleo, por ejemplo– tenían un mayor distanciamiento psicológico del trabajo en sus horas de ocio.
Mientras que los empleados que dijeron tener una oficina dentro de casa –y no era un requisito– reportaban niveles de distanciamiento psicológico más bajos durante las horas fuera del trabajo. Son aquellos que no establecían límites respecto al uso de la tecnología en casa para fines laborales.

Fuente: ReporteIndigo

miércoles, 16 de septiembre de 2015

EL ÁLGEBRA DE LA PREVENCIÓN EN MATERIA DE SALUD Y SEGURIDAD EN EL TRABAJO





Cuando hablamos de inversión en sistemas de gestión de salud y seguridad en el trabajo cuyo objetivo primordial es la prevención de riesgos laborales, la diferencia semántica-financiera del termino “inversión” frente a su homologo “gasto” cobra una importancia capital.

Al asumir el paradigma transversal de que toda inversión en materia de seguridad y salud en el trabajo se traduce en productividad y disminución de la probabilidad de que la organización sea objeto de sanciones pecuniarias (multas) por parte de los organismos competentes de supervisar e inspeccionar las condiciones y medio ambiente de trabajo, la diferencia entre “inversión” y “gasto” resultan ser muy evidentes.


La inversión en salud y seguridad laboral tiene una relación directamente proporcional con las variables siguientes:  

1.- Aumento en la productividad por la generación de “estados de bienestar”.

2.- Disminución de las probabilidades de ser objeto de sanciones pecuniarias (multas).

Cuando se analiza la primera de las variables mencionadas, nos encontramos con que la “tasa de retorno” de la inversión que se realice en los aspectos de salud y seguridad en el trabajo es sumamente alta, y por ende, justifica su incorporación dentro de los planes de inversión de cualquier empresa.

Por su parte, la disminución de la probabilidad de imposición de sanciones pecuniarias (multas) termina siendo la consecuencia necesaria del sostenimiento de la inversión en los aspectos mencionados.



Finalmente, es importante resaltar que de acuerdo a los estudios de “felicidad en el trabajo” realizados más recientemente, toda empresa que invierte en salud y seguridad para sus empleados termina obteniendo resultados económicos – financieros por encima de los esperados.



Cabe Preguntarse: 
¿Es una buena inversión?

jueves, 10 de septiembre de 2015

Francia prohíbe enviar correos de trabajo después de las 6 p.m.




Con el “tiempo de reposo y obligación de desconexión”, se busca proteger a los trabajadores de los abusos de sus superiores.


Para muchos hoy en día enviar y recibir correos ocupa gran parte de su trabajo. Y con las nuevas tecnologías esto ha llevado a que las jornadas laborales no tengan límite. Con base en ese argumento, dos grandes sindicatos en Francia lograron desarrollar una nueva legislación que permite a los trabajadores no responder correos de trabajo después de las 6 de la tarde. 

Las nuevas leyes laborales aplicarán para los trabajadores que ejerzan responsabilidades de gestión, misiones comerciales, de consultoría, o que realicen tareas de concepción, elaboración y supervisión de proyectos, y que dispongan de “una gran autonomía e independencia en la organización y en la gestión de su tiempo de trabajo”. Ahí se incluirían las oficinas francesas de Google, Facebook y Deloitte, entre muchas otras. 

Los dos sindicatos que lograron poner fin a las jornadas interminables de trabajo son la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT) y la Confederación Francesa de Cuadros Directivos (CFE-CGC). 

El Gobierno francés ha tenido históricamente leyes laborales muy favorables al trabajador. Desde 1999 existe una norma que prohíbe más de 35 horas de trabajo a la semana (en Colombia son 48) y los trabajadores tienen derecho a cinco semanas de vacaciones anualmente (aquí son 15 días hábiles). 

Pero con los teléfonos inteligentes esta norma había perdido el sentido, pues el trabajo se puede hacer desde donde esté. El director de la Confederación General de Administradores, Michael de la Force, señaló que también se debe medir lo que él llamó “el tiempo de trabajo digital”. “Podemos admitir trabajo extra en circunstancias excepcionales, pero siempre debemos volver a lo que es normal, que es desconectarse, dejar de estar permanentemente en el trabajo”, señaló.

De ahora en adelante los empleadores y también los trabajadores deberán entonces respetar lo que se ha denominado el “tiempo de reposo y obligación de desconexión”. El acuerdo establece que “la efectividad del respeto, por parte del trabajador, de esos periodos de reposo implica su obligación de desconectar las herramientas de comunicación a distancia”.

Marie Buard, dirigente del sindicato CFDT, afirma que “el empresario tiene la responsabilidad de velar por la salud del trabajador. Para evitar la prolongación ilegal de las jornadas laborales, algunas empresas pueden establecer que las herramientas electrónicas de trabajo no estén accesibles de viernes a lunes, por ejemplo”.

Este tipo de medidas están relacionadas con los llamados riesgos psicosociales que generan las excesivas cargas laborales. “Queremos más salud para los trabajadores y lograr una mejor conciliación entre la vida privada y la vida laboral”, agregó Buard.

Fuente: Semana